de prevención, primeros auxilios, procedimientos de desintoxicación y deshabituación, tratamiento médico de las complicaciones, etc.). De hecho, si no hay una propuesta fuerte, capaz de llenar el vacío de valores que conduce a la adicción, el sujeto nunca podrá ganar su batalla contra su adicción. La Orden, por su misión específica y su modelo de atención, está en situación de ofrecer valores sólidos para las personas.

Algunas adicciones a considerar son la drogadicción, adicción al alcohol, predominante en algunos países, la creciente adicción a las nuevas tecnologías (internet, videojuegos, etc.) así como las adicciones al juego, al sexo, a las compras compulsivas, etc.

  • Personas con enfermedades infecciosas. En algunas partes del mundo hay varias enfermedades infecciosas como el paludismo, la tuberculosis y algunas nuevas patologías virales, que causan muchas víctimas. En los países con mayor difusión de estas enfermedades y en los que la Orden está presente, la atención médica y humana de los pacientes que sufren estas enfermedades debe ser una prioridad absoluta para la atención. La propagación de enfermedades de transmisión sexual y sus implicaciones sociales, requieren que la Orden encuentre una respuesta sólida a las mismas, con iniciativas de acogida y tratamientos adecuados, respetando la dignidad y la confidencialidad de las personas.
  • Personas con enfermedades raras Debido a la baja incidencia de estas patologías y al escaso margen de ganancias para la industria farmacéutica se genera una “orfandad terapéutica” en relación a la investigación y desarrollo de medicamentos específicos. Constituyen de este modo una nueva pobreza, con riesgo de exclusión de las políticas sanitarias y de las prioridades económicas.

Esta situación se erige como objeto especial de atención ética por parte de la Orden, quien deberá velar por su correcta y equitativa atención.

  • Personas con discapacidades diversas. Una sociedad verdaderamente humana no puede orientarse hacia los «fuertes» sino hacia los «débiles», hacia las personas con mayor dificultad. Por lo tanto, además de los trabajos específicos de apoyo a los discapacitados, la Orden debe ejercer una fuerte función de testimonio y apoyo en este ámbito: personas con enfermedades o alteraciones físicas o psíquicas (por la experiencia biográfica personal de nuestro Fundador, siempre han sido una categoría de pacientes especialmente atendidos en nuestros trabajos de cuidado). Los criterios éticos de atención deberán deliberarse a partir de un correcto concepto de inclusión social de todas las personas.
  • Gente mayor. La Orden cuando asume centros para personas mayores, tendrá que esforzarse, en la medida de lo posible, por fomentar los lazos emocionales entre la persona mayor y la familia de origen, ayudando también a eliminar los obstáculos que puedan interponerse. La estancia del anciano en una casa gestionada por la Orden no debe entenderse sólo como una solución de alojamiento, sino que debe estar